La relación símbolo-sobre-tipo funciona como estructura narrativa: primero el símbolo (el mundo sensorial, el origen), luego el nombre (la identidad). Es el mismo orden en que funciona un ritual: primero la experiencia, luego el recuerdo de quién te la dio. Cuando esa jerarquía se equilibra correctamente —símbolo como corona, nombre como firma— la marca completa un arco de lectura que refuerza su territorio emocional.










