

Este proyecto nace de una necesidad de cambio. La marca de esta nutricionista ya no reflejaba su energía, su sensibilidad ni su manera de entender la alimentación. Los colores apagados y el enfoque tradicional no representaban su mensaje: comer no es restringirse, es reconciliarse. El rediseño parte de una idea clara: una nueva nutrición, más libre, más consciente y más humana. Una marca que celebra el placer de comer, que invita a disfrutar sin culpa y que acompaña a sanar la relación con la comida. Porque alimentarse también puede ser un acto de amor propio.

El proceso comenzó con una conversación profunda para entender no solo lo que buscaba a nivel visual, sino lo que quería transmitir y cómo deseaba hacer sentir a sus pacientes. A partir de ahí, desarrollé tres propuestas creativas diferentes, cada una explorando un enfoque distinto dentro del concepto de nueva nutrición. La elección de una dirección clara nos permitió enfocar toda la energía en potenciar esa idea. Una vez seleccionada, trabajamos de forma colaborativa, afinando cada detalle hasta que la identidad cobró coherencia y fuerza. El resultado fue un logotipo que no solo representa su marca, sino que refleja con honestidad su esencia.
La definición de la paleta de color fue, sin duda, la parte más compleja del proceso. La clienta se sentía muy identificada con los colores fríos y quería construir la marca únicamente desde esa gama. Sin embargo, era importante ir más allá del gusto personal y pensar en lo que la marca debía transmitir. A través del diálogo, trabajamos la psicología del color y cómo cada tonalidad despierta emociones distintas. Entendimos que, aunque los colores fríos aportaban calma y profesionalidad, necesitábamos introducir matices cálidos para comunicar cercanía, diversión y desenfado. El equilibrio entre ambos mundos fue clave para construir una identidad coherente, emocional y alineada con su mensaje de disfrutar la comida sin culpa.
La elección tipográfica estuvo guiada por una decisión estratégica: crear una marca que ella pudiera gestionar de forma autónoma en el futuro. El objetivo no era solo diseñar una identidad atractiva, sino también práctica y sostenible en el tiempo. Por eso opté por una tipografía sencilla y accesible desde Google Fonts, que no implicara barreras técnicas ni costes adicionales. Inter, con su amplia variedad de pesos, ofrecía la versatilidad necesaria para construir jerarquías claras y jugar con la composición sin perder coherencia. Es una tipografía limpia, contemporánea y fácil de usar, que le permite mantener la esencia de la marca sin complicaciones.


Para las redes sociales, el objetivo fue garantizar que la marca pudiera mantenerse viva más allá del proceso de diseño. Por eso desarrollé en Canva una serie de plantillas personalizadas tanto para stories como para el feed. Estas piezas no solo respetan la identidad visual creada, sino que están pensadas para ser intuitivas y fáciles de editar. De esta manera, una vez finalizado el proyecto, ella puede seguir comunicando con coherencia, seguridad y libertad, sin depender constantemente de soporte externo. La marca no termina en la entrega: se convierte en una herramienta funcional para su día a día.


